Salida a Volcancillo
Agosto, 04  2007

Al sitio de encuentro para iniciar la salida llegaron Gerardo y sus hijos: Mariana, Luis y Ximena; Jim, Leonel, Robert y yo. La caminata empezó a las ocho de la mañana aproximadamente. Nos dirigimos hacia la región de las altas montañas de Veracruz al “Volcancillo”, que es un cráter de unos 150 metros de profundidad ubicado a unos 2500 m de altitud. Subimos por un hermoso sendero que atraviesa el hábitat de bosque de coníferas y la vegetación propia de las zonas de piedra volcánica con el mismo entusiasmo de siempre. En el camino nos alcanzaron Víctor de Coatepec con su esposa y sus hijos Ana y Emilio. La subida al Volcancillo es un poquito cansada pero fuimos siempre recompensados por unos paisajes impresionantes y por un aire muy fresco y límpido. Las primeras aves que nos sorprendieron estaban en una parvadita: varios sastrecillos (Psaltriparus minimus), el ocotero enmascarado (Peucedramus taeniatus); luego se acercaron varios carboneros mexicanos (Poecile sclateri) y algunos más de la especie sita pecho blanco (Sitta carolinensis). Seguimos avanzando, conversando un poco; Ximena llevó en sus manos un compañerito escarabajo que fue modelo de las impresionantes fotografías de Gerardo y tuvo como escenografía una alfombra de musgo de un verde muy brillante. De pronto Leonel gritó “Red Warbler, Red Warbler” (porque en nuestro club hay una mezcla muy peculiar de inglés, español y latín para denominar a las aves que van apareciendo) refiriéndose a un par de impresionantes chipes rojos (Ergaticus ruber) y antes ya habíamos visto al también rojo (pero de pecho) y maravilloso chipe de montaña (Myoborus miniatus) mejor conocido como “pavito”. Más arriba, en un pino muy alto casi en la punta distinguimos el azul de una chara crestada (Cyanocitta stelleri) y a lo lejos logramos identificar el carpintero de pechera (Colaptes auratus) que es muy grande. También vimos a la tángara encinera (piranga flava) y al capulinero gris (Ptilogonys cinereus) juntos. Revoloteando por los maizales estaban los pinzones mexicanos (Carpodacus mexicanus) en grandes grupos y también por allí, varias aguilillas cola roja (Buteo jamaicensis), mostrando, como siempre, sus majestuosos y elegantes, pero muy amenazantes y terribles vuelos.
Finalmente llegamos al borde del cráter, desde donde se aprecia un paisaje peculiar de lava y vegetación, y tuvimos algunos anfitriones escamados (creemos que son unas lagartijas Sceloporus serrifer cyanogenys, cuyo nombre en español no sabemos) que nos estuvieron observando largo rato y que también fueron el blanco de las cámaras fotográficas. Ahí tuvimos un avistamiento muy cercano del picotuerto rojo (Loxia curvirostra), al que por cierto, ya habíamos visto antes y para muchos fue la primera y sorprendente vez que lo vimos. Algunos aprovecharon para sacar sus tortas, otros nomás estuvimos observando, Ximena y Mariana nos compartieron de sus galletas y luego ya nos regresamos y vimos al trepador americano (Certhia americana). Iniciamos el regreso y pasamos a tomar un almuerzo a la famosa Cabaña del Chivo y Gerardo nos llevó a un terreno cercano donde hay un pino cuyo tronco es almacén de las bellotas (de encino) que precisamente el carpintero bellotero (Melanerpes formicivorus) recolecta; el tronco está agujereado completamente de arriba abajo y dice Gerardo que haciendo un cálculo contó unas 200 mil semillas (¡eso sí que es una buena despensa alimenticia!).

Doriam  Reyes
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